Ayer quise ser la droga de un psicópata y salvarlo de la demencia. Esa maldita cosa que le previene de ser normal, que le impide ser capaz.
Pero no hice tal cosa. Fui como un placebo de mal sabor, una goma de látex al carbón. Recibí tres puñaladas sobre el corazón y un martillazo en el esternón.
Maldita inexistencia que sobre mi cayo. Si hoy yo fuese Hamurabi me quitaría los 2 ojos y los dientes y los licuaría con miseria y saciedad, para luego verterlos en mi tina y bañarme en mi propia suciedad.
Quisiera un fiel poni de nombre feo. Que no tuviese total confianza en sus hazañas ni en sus patrañas. Que fuese un poco gordo y un poco lerdo. Lo galoparía en las favelas y en las marañas.
Si tuviese tal animal tal vez la felicidad plagaría mi hogar. Cultivaría sin pagar capital y lo amaría sin temor a lo fiscal.
Pero no, tal animal no existe, ni siquiera consigo un dinosaurio triste. Si alguna canción bien fea me tocara hoy la puerta. Le vendería mi fría riña. Mis posiciones más obsoletas. Hasta le diría que llamase al diablo, pero no a ese de la capital, sino al señor de la concordad, el que habla de maldad con un don de bondad difícil de interpretar.
Al final el diablo vino, era un tipo extraño. Le ofrecí mi alma y un puñado de café tostado. Lo vomito y me demando por daños ¿Pero qué es esto joder? ¿Ya ni el diablo quiere oír propuestas jugosas y tramposas?
Llamo a dios y su oficina de atención por repartición no contesta ninguna petición. Le dejo un mensaje con una maldición. Al final a mí que me importa lo que le pase a ese señor.
Parezco repleto de rencor. De un odio hacia el amor. Un hombre apuesto me saludo con un bastón. Ya la gente se jode de todo y de modo. No me importo la seña de de afiliación, yo tenía que pagar la jodida liquidación.
Ahora estoy sin plata sin amor y sin un fiel animal al cual domar. Me recostare en un sofá con la esperanza de que una rata vieja se recueste en mi piernón y quizá me de calor.
No pasó. El televisor ni prendió, la radio se murió y la rata esta tan enferma que ni al sol salió.
¿Qué me paso? Si yo era el pesimista más feliz de todo el país.
Ahora será esperar. Espero, espero, sigo esperando, la espera continúa, creo que seguiré un poco más, porque espero, espero, espero, ¿cuál es la mierda que pienso considerar? ¿Qué mierda más da? Iré al rio a saltar desde el puente más audaz y si alguien le importa mi partición por omisión, bien pueda nade y saque mi inerte cuerpo de unas aguas sucias y de unos peces tuertos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario