Una solución.
Va sobre un cordón, caminando por una cuestión, pero él no la quiere y no la sabe comprender, nadie le puede ayudar pues nadie le puede entender. Su idea del amor se enfermo y luego él con el pasar del dolor se encargo de destruirla por el bien de su señor. De muy joven quiso romper con esta cadena, pero la jovialidad de los años se pierde con el atardecer del cuerpo, sus yagas crecieron sobre su pliego suelto. Cuando se atrevió a gritar y luego a replicar, la voz de cordialidad con una hipocresía que la suele caracterizar, le ordeno silencio a la luz de la bondad. Su razón se enredo en la cuerda de la paz, pero su forma de luchar no iba acorde a un clamor popular. Su forma de revelarse a un orden mundial, su forma de hacer estallar la conciencia social. Era enferma, pero de seguro tendría que funcionar.
He aquí el plan
Sobre un hospital ve y hazlo estallar, que a la luz de la luna nadie se tiene que enterar. Las vidas que por muchos han de llorar, son solo peones en un nuevo ajedrez global. Eso entendió para calmar su apetito de más. Su moral la cual nunca había hablado en su mente para traerle control, ahora como si fuese obra de un domador, manejaba la acción como si fuese su propia maldición. Pero la bomba no tiene visión, que va si eres negro, blanco o simplemente uno más del montón. Las esquirlas no reconocen tu medición. El estallido simplemente quiere algo de acción. Y fue así que la decisión que sobre un hombre cayo se apodero de su noción. Pero, a nadie le importo. Cuando su salvación le hizo condenar al mortal, víctima de su propia acción fatal, el nunca lo lloro, ningún noticiero en algún momento lo registro. Fue así que su voracidad de mas lo hizo caer en la razón. Que si en verdad quería dominar la perdición, tendría que conquistar todo control de autoridad, tendría que acabar con los que llevan armas y juegan a ser el poder de la ciudad
Su odio lo llevo a la realidad
Su plan no tenia donde fallar, ningún punto podía salir mal. Nadie se tenía que enterar sobre qué era lo nuevo que él iba a hacer estallar. El terror sobre su alma acento una posición. Un campamento de guarnición, un destacamento cuyo ideal se centraba en lo fundamental. El paquete se tenía que armar con mucha agilidad, ¿y la infiltración en la base policial? Pues muy sencillo, se haría pasar como un ciudadano más, aterrado de una verdad que siempre quiso ocultar. El plan se basaba y se formaba sobre una mentira genial. Los héroes de la moral lo tratarían como una víctima incapaz, otro transeúnte que no supo mirar antes de caminar. Que lo vieran como un idiota social era lo que se quería lograr. Así podría entrar en el batallón como un imbécil más que va en busca de un poco de ayuda ejemplar. Caminar por los pasillos se convirtió en una eternidad, las voces que sobre su mente habían de callar no paraban de hablar. Le cantaban al oído una melodía del horror. Sobre la ideal del matar había caído el peso de la rendición ¿valía la pena asesinar a todo el que se creía superior? Pero en lo más adentro de su profundidad intelectual encontró la solución, seguir a los instintos usualmente te lleva por el camino de la salvación. Su deseo primordial recaía en el matar.
Y fue así que se logro alimentar.
El paquete fue puesto sobre el punto más primordial, un pilar que por obligación se tendría que quebrar y con su desplome tendría que aplastar a todo el que intentara escapar. Corrió hacia la salida como un inmortal, esa era su única opción de ver su obra tornarse realidad. Era el camino a la verdad, en la muerte tendría que encontrarse a la saciedad. Calmar su deseo de sangre y tripas como almuerzo mental. La salida como un baile se encontró, que danza más tétrica a la hora de escapar. Como un grito infernal que nunca se habría de escuchar. Y ya está. Sobre el pavimento cayeron los restos de la humanidad. La alegoría de lo que alguna vez fue una fuerza a la cual nadie se atrevía a desafiar hoy se tenía que acabar. Una mente con un ideal fue todo lo que tenía que pasar. El terror se apodero de la ciudad, quienes defendían el orden militar ahora corrían ensangrentados en busca de alguien que les fuese a ayudar. La reacción popular fue la que se tenía que esperar. Ignorar el dolor que sobre el andén se veía llorar. Correr de quien necesitaba algo de bondad. La sangre no sirvió ni siquiera como señal de perdición ¿Que había pasado con toda la humanidad? Una bomba no sirvió para despertar en la mente humana las ganas de piedad. Que infortunio más ingrato. Hasta el amigo más novato tendría que llorar al ver esta escena tan mortal. Pero que se puede esperar de la gente que de sus caminos nunca se quiere desviar, que por un puesto laboral son capaces de mentirle a su propia habilidad mental.
La bomba no tenía porque estallar
Sobre una silla en un parque marcado por la indigencia y la drogadicción juvenil el héroe del horror se sentó a repasar lo que paso. Sobre su mente corrió como un reloj, como un tic tac al tempo del dolor. Qué imagen más humana es la de la carne y el llanto de un señor. Su idea de la sangre por un momento cambio y el tinte rojo que sobre su ropa cayo. El se lo lamio. Su razón y valor de la vida como tal se habían perdido en la explosión. Cerca de su actual posición estaba muerta la gente a la cual se le había jurado penalización. ¿Y ahora qué? La batalla se gano. La guerra quedo a su favor. Pero nada estaba por acabar. Al monte el tendría que escapar, ¿o se vería obligado a buscar refugio en alguna casa de acción social? ¡Ya no más! Ya dos bombas habían estallado contra la fuerza gubernamental, los enfermos y los héroes de una patria armada que valora más el fusil que al servil habían caído muertos fruto del valor que tiene la locura cuando se le mete decisión.
Ya no hay nada que mirar.
Lo que aquí paso es todo fruto de una lección. Lo que alguna vez creo el odio dentro de una población no fue el sendero tortuoso de un campesino armado y defectuoso. Ni siquiera el odio formado por un accionar militar. La violación de un valor rural. El odio aquí es el olvido de un poder central. Desde una ciudad pactan el curso de la humanidad, sin siquiera haber vivido lo que experimenta alguien en la jungla de alguna sierra. Adorado y detestado héroe armado, con tu bomba la abriste al camino a otra generación de guerreros urbanos. Lanceros indigentes, valientes ñeros que con su habilidad para detestar se abrirán pasó hacia alguna guerra que los hará implorar de tanta presión social. Por acá ya dicen que es hora de parar de criticar y empezar a actuar, pero si actuar en este caso solo significa desafiar. Con el valor de una bomba pusiste a todo el poder a temblar, ahora más que nunca me has hecho entender que no es el valor de una lucha sentimental, sino el temor que en el enemigo uno pueda inundar.
Así es que la sociedad tendría que actuar.
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